Techno Pop: La música no para.

La banda pionera en música electrónica, Kraftwerk, visitó Argentina por cuarta vez a finales del 2016 con un concierto 3-D y colmó las expectativas de su público heterogéneo.

Finalmente llegó el día pautado y, tras haber estado en el centro de los cuestionamientos en las últimas semanas, la sonoridad de los cuatro alemanes nacidos en Düsseldorf invadió el Luna Park.

Poco más de dos semanas antes del show se había anunciado que el evento debía ser suspendido debido a que la medida tomada por el Gobierno de la ciudad, tras la muerte de cinco chicos en una fiesta de música electrónica, era pertinente en este caso por la presencia de samplers y sintetizadores en el show. No era necesario estar muy al tanto de qué se trataba el recital de Kraftwerk como para darse cuenta que poco tenía que ver con una fiesta de ese tipo.

Gratamente las medidas fueron contempladas para el caso y Ralf Hütter, único sobreviviente de la formación original, apareció en escena junto a sus compañeros luciendo unos trajes negros con un perfecto cuadrillé blanco que permitiría formar parte de la puesta en escena en 3D.

El puntapié inicial fue dado cuando el reloj marcaba las 21:15 horas y los números comenzaron a brotar desde el fondo al compás de “Numbers”. Luego surgieron las primeras melodías sustentadas por una sólida base rítmica, se trataba de la trilogía computacional, “Computer World”, “Home Computer” y “Computer Love”. Este último incitó los primeros movimientos y pasos de baile concretos en el público, heterogéneo, desde ya. La asistencia fue más que satisfactoria y la predisposición para disfrutar de un recital no convencional en el caluroso estadio de Avenida Madero fue excelente. Podemos decir que la mítica banda se encargó de congregar generaciones, en pareja, grupos de amigos o en soledad. Convivieron individuos que superaban las cuatro décadas y que seguramente disfrutaron de los discos cuando salieron al mercado y jóvenes que han sido captados por los “Beatles” del género. En síntesis, un cóctel de personalidades, en el que no faltó un “man-machine” lookeado para la ocasión con camisa roja, pantalón y zapatos negros y un peinado engominado dando la sensación que Florian estaba como espectador.

Cortando con la dulzura y clímax, Ralf decidió mostrar su dotes con el vocoder y un “in crecendo” repetitivo que no dejó lugar a dudas sobre cuál era su mensaje, sí, “machine”, mientras acompañaba la melodía “psico” del sintetizador. Casi sin respirar, la pantalla de fondo tomó protagonismo y las imágenes de nuestro planeta junto con naves espaciales que giraban permanentemente hicieron que las gafas cobraran verdadero sentido y se viviera la experiencia en tres dimensiones al son de “Spacelab”.

Transcurrida la primera media hora comenzaron a llover los “hits”, primero fue el turno de “Das Model”, coreado por todo el recinto, y seguramente recordado por algunos en su versión argenta, aquella que grabó Clotta Lanzetta junto a DJ Deró en los años noventa. Luego, de manera intermitente llegaron “Autobahn” y “Radioactivity”, el primero con un viaje visual en 8 bits como si se estuviera desarrollando un juego de consola de antaño, y el segundo con una clara bajada de línea y menciones especiales para aquellas centrales nucleares que fueron noticia por sus catástrofes.

La noche tuvo el punto de inflexión con un breve “Electric Café” que permitió renovar energías y dar inicio a un tour, que si bien fue mentado en los 80’s, fue materializado ya en el siglo XXI y se encuentra completamente aggiornado. La zaga “Tour de France” dio lugar a los más jóvenes a mostrar sus danzas y a sentirse de local en un terreno que era inobjetablemente propio.

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